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Anecdotas y Milagros

CASAS RURALES LOS CUATRO VIENTOS
Transcripción del libro "Cosas de Moratalla")

APARECIMIENTO DE LA VIRGEN DE LA ROGATIVA_______________________

Corría el año de 1535. Por esta época y algún tiempo después, los feroces moros de las Alpujarras, en rebelión continua, devastaban cuanto iban encontrando a su paso; innumerables cristianos perecían a sus manos, y otros, despojados de cuanto poseían, desnudos y hambrientos, se internaban despavoridos en estos territorios tan próximos a la provincia de Granada. Fuera a causa del excesivo número de necesitados o efecto de haberse debilitado un tanto la caridad en sus habitantes, ello es que no socorrían los vecinos con verdadero amor cristiano tanta desgracia como se arrastraba ante sus ojos.


Habían transcurrido 42 años  desde que Jesucristo descendió ante Ruiz Sánchez, en el monte de Benámor; era el 6 de Mayo del 1535, fiesta de la Ascensión del Señor.
A seis leguas próximamente de la población, hacia Poniente, en un sitio que abrazan las sierras del Serbalejo, Matanza y Puerto del Conejo, paraje sumamente frío y erizado de malezas inexpugnables, existe una cañada que llaman del Conejo, la cual era propiedad de Ginés Martínez de Cuenca; éste tenía un hijo de su mismo nombre, mozo de 20 años tan honesto y sencillo, bondadoso y trabajador que de modelo servia en aquella comarca. Apacentaba el afortunado zagal unas vacas de su labor, la víspera precisamente de la Ascensión y, a la caída de la tarde, comenzó a caer tan copiosa lluvia, que buscó abrigo para él y sus reses en un hato que próximo tenían unos pastores; allí pasó la noche y, durante el sueño, vino a turbarle varias veces una visión que en forma de mujer se le presentaba; formando su exaltada imaginación fantásticas quimeras, que sin dejarle reposo, le hicieron levantar muy de mañana, todo preocupado con tan pertinaz idea. Preguntó a sus compañeros si había alguna mujer en el hato, respondiéronle que no y, silencioso y contrariado, se marchó a revisar sus tierras; sin duda en él era costumbre, por ver lo que había profundizado la continua lluvia de la noche. Llegó al mencionado sitio de la cañada del Conejo, llamándole la atención un trozo de sembradura, cuyas espigas completamente granadas formaban raro contraste con el resto de la sementera, floja y tardía; no solo por la naturaleza del terreno, sino también por la época en que se había sembrado. Tanto es así que, sin poder disimular su natural asombro, exclamó: "¡Válgame nuestra Señora!"; diciendo estas palabras, una paloma blanca cruzó ante sus ojos; cogió él una piedra para tirársela y, en el mismo instante, iluminándose aquellos contornos, vio descender sobre flotantes nubes, rodeada de pequeños angelillos, a la Virgen Santa María, cubierta con un manto blanco; además observó que una pequeña gota de sangre manchaba su tersa frente. "¿Qué buscas, hombre?", le dijo la Virgen. Ginés, absorto y de rodillas, transportado en sublime éxtasis ante las gradas del trono de la Divinidad, escuchó de los purísimos labios de María.
"Que no tuviese cuidado alguno, y que previniera a los habitantes de Moratalla fuesen más caritativos y hospitalarios con aquellos infelices cristianos que, de continuo, llegaban a sus puertas en busca de legítimas limosnas; que su amadísimo hijo estaba indignado por tan mal proceder, hasta el extremo de privarlos de la lluvia tan necesaria a sus agostados campos; que ella, (1) intercediendo con lágrimas de dolor, había conseguido - después de grandes esfuerzos - una pequeña tregua a su justo enojo; por lo cual, en la noche pasada, abundantes lluvias devolvían a los marchitos sembrados su frescura y lozanía; y, por último, que se hiciese en aquel sitio una ermita con el nombre de Nuestra Señora de la Rogativa, pues no traía otra misión que rogar a su Hijo en bien de los pecadores, previniendo, además, que allí quedaban en señal grabadas sus plantas..." Desapareció la Visión, confundiéndose aquella nube en las alturas, a los ojos del atónito Ginés.
Quedó éste tan impresionado que, durante largo tiempo, estuvo llorando para descargar su corazón fuertemente conmovido por las cariñosas palabras de la Virgen. Sentía una fascinación tal hacia aquel sitio, y su ánimo tan poseído estaba en mística contemplación que, sin darse cuenta de ello, permaneció larguísimo rato, mudo y clavado cual una estatua. Maquinalmente se incorporó y, marchando al azar, se encontró a la puerta de un cortijo que próximo a aquel lugar se levantaba. Habitaba en él Ginés Valero; al cual llamó la atención el aire preocupado del joven y hubo de preguntarle varias veces para que éste contara lo ocurrido, tanta era su cortedad.
Puesta la grata noticia en conocimiento de Juan y Pedro Mateo, hermano y vecino del Valero, se trasladaron juntamente con sus mujeres al referido lugar del suceso y bien pronto reconocieron desde lejos las señales de los sagrados pies, que fueron las que dejó la Virgen.


Por este tiempo, Martín López era Alcalde (pedáneo) en el Puerto del Conejo, donde tenía su cortijo y residencia. Puesto en antecedentes de cuanto ocurría, acudió con varias personas, encontrando a Ginés Martínez que apacentaba sus vacas; no poco trabajo costó al Alcalde persuadir al Ginés a que hablase; pues su notoria timidez, unida a la impresión que le produjo verse rodeado de tantas gentes, de quienes era admirado, venía a aumentar su turbación. Por fin venció sus escrúpulos y contando lo ocurrido pasaron al sitio, reconociéndolo minuciosamente. Todos quedaron satisfechos; pues a pesar de la fuerte lluvia, no se habían borrado ni confundido las bien señaladas plantas; así como a diez pasos de distancia, poco más o menos, varias piedras comprimidas fuertemente, manifestaban donde Ginés permaneció en larga contemplación.
El fausto acontecimiento, en alas de la fama, pronto recorrió algunas leguas; empezando a llegar de todas partes cojos; tullidos y enfermos de distintas clases, en busca de la salud perdida. Según cuenta la tradición, bastaba formar un poco de barro con aquella tierra, donde la Virgen fijó sus pies y, aplicándola con verdadera fe al sitio enfermo, sanaban en e l acto, con admiración de todos los presentes. Tantos milagros se repitieron, que el Alcalde Martín López, por medio de una carta, puso en conocimiento de la justicia de Moratalla cuanto ocurría; la cual, en su vista, acordó en sesión celebrada por el Ayuntamiento el 27 de Mayo, que pasase una comisión a informarse bien de lo ocurrido, tomando declaraciones; reconociendo el sitio, etc.; para 1o cual nombraron al Sr. Antón López, Regidor y a Martín Pujol, escribano público, para que, juntos con Martín López, Alcalde ordinario, llevasen a cabo estas diligencias, etc. Lo que acordaron ante Benito Sánchez, escribano del Consejo de la villa, firmando - el Bachiller Francisco de Santa Ana, cura - Miguel López, Antón López - El Bachiller Figueras, en testimonio de verdad - Benito Sánchez, escribano del Concejo.
Sin pérdida de tiempo practicaron la información decretada; resultando ser cierto cuanto arriba consignamos, pues así resulta de la declaración tomada a Ginés Martínez y tantos otros presentes; así como de la autenticidad de los milagros verificados en algunas personas que allí se encontraban.


Concluidas las diligencias, puso la inscripción signada el escribano de la comisión, Martín Pujol; las cuales pasaron al Asesor abogado de la villa de Caravaca, el que evacuó su informe en 14 de Junio del mismo año; previniendo se notificasen al Señor Inquisidor, como así se hizo y dejando un traslado auténtico, que es el que existe en el Ayuntamiento de Moratalla, de donde hemos tomado estos apuntes, remitiéndose después los originales a Murcia, para su aprobación.

(1) Según cuenta la tradición, la paloma blanca que asustó a Ginés, momentos antes de la aparición, era la misma Virgen y, como éste cogió una piedra para tirársela, solamente por la acción aparece con una gota de sangre congelada en su frente. (N. del A.)

APARECIMIENTO DE JESUCRISTO___________________________________________

    I

El respeto y veneración con que ha sido tenida esta tradición por las generaciones anteriores, es tal que su memoria, puede decirse que ha informado todos los actos de la vida religiosa de Moratalla, y por esa circunstancia voy a ocuparme de este asunto, empezando por referir la tradición en la forma en que oralmente ha llegado a nuestros días.

  

 II

E1 19 de Abril de 1493, bajaba a este pueblo, procedente del Salero del Zacatín, un labrador manco de las Casas de Aledo, en el campo de San Juan, llamado José Ruiz Sánchez, el cual conducía una mula, en la que llevaba una carga de leña y una talega de sal. Al pasar por el sitio donde hoy se elevan la ermita y convento destruido, conocido con el nombre de Monte de Benámor, Ruiz Sánchez vio un gran resplandor de fuego divino y, en medio de él, a Jesucristo que acababa de aparecérsele. El labrador se hincó de rodillas en presencia de Jesucristo, y entonces éste, abriendo sus divinos labios, le dijo: "Baja al pueblo, ve a las autoridades y diles que es mi voluntad que en este mismo sitio me construyan un Santuario, que sea invocado con el nombre de Jesús". Cuando Ruiz Sánchez llegó al pueblo con la noticia y el recado, no le creyeron; por lo que volvió al sitio del Aparecimiento y le dijo a Jesús: Señor, no me han creído. Entonces Jesús le dijo: vuelve al pueblo y, puesto que eres manco, enseña tu brazo curado desde este momento de su manquedad. Así lo hizo y a la vista de este milagro, creyeron todos en el Aparecimiento; en el acto salieron del pueblo el Comendador, el Cura, el Escribano y muchos vecinos, con objeto de ver y adorar a Jesucristo en persona. Al llegar al sitio donde hoy está la Cruz del Humilladero, vieron el resplandor divino y se postraron de rodillas; siguieron adelante, pero el resplandor se disipó y Jesucristo desapareció sin ser visto de nadie.


    Enseguida empezaron a construir el Santuario, en el sitio donde hoy está la cruz del Viso y, como éste no era el indicado por Jesucristo, se caía todas las noches lo que edificaban durante el día; mas no perdieron nada con esto, porque trasladadas las obras al verdadero sitio del Aparecimiento, crecía por las noches lo que edificaban de día. Muchos años después, en 1589, construyeron la casa convento, que fue ocupada por religiosos de la Orden de la Merced.


    Era Ruiz Sánchez de edad madura, naturaleza fuerte y estatura mediana; tenía blanco el cabello y expresión noble y tranca en su semblante, condición que le hacia grato al paso que respetable; habitaba de ordinario en una heredad que poseía cerca del campo del Zacatín y rara vez bajaba al lugar, como un negocio urgente no reclamara su presencia. Religioso como el que más, rezaba todos los días y, con especialidad, en sus viajes siempre iba repitiendo alguna oración; hablaba poco y, cuando lo hacía, su conversación era encaminada a la más sana moral. Era manco desde su nacimiento, por lo cual su ocupación principal fue la guarda de ganados; murió de avanzada edad dejando hijos y nietos, todos de mucha virtud y, según oí referir en Moratalla, sus descendientes se encuentran en la actualidad bastante acomodados en Villena. (Manuscrito anónimo del siglo XVIII.)

 

EL SANTISIMO CRISTO DEL RAYO__________________________________________

  I

    A la falda de un pequeño cerro, aparecen agrupadas confusamente multitud de casas que se tienden en anfiteatro, formando la villa de Moratalla, uno de los pueblos más fértiles y sanos de provincia de Murcia. Sus sencillos habitantes recuerdan las costumbres de los moros, cuya dominación sufrieron, al igual del resto de la provincia, especialmente los que habitan en el campo, pues la civilización va desterrando de la población antiguos usos y trajes, armonizándolos con las costumbres de los modernos adelantos. Sus tortuosas y empinadas calles, su hermoso Castillo, el sistema de riegos, etc., etc., nos recuerdan aún lo que acabamos de exponer.


    En dicha villa se venera con exaltación la Imagen del Santísimo Cristo del Rayo, y es costumbre inveterada que; en el momento que algunos nubarrones anuncian la proximidad de la tormenta y que la campana da la voz de alarma, con su conocido lenguaje, varios mozos del pueblo, en unión del sacerdote nombrado al efecto, llevan la Imagen del Cristo a hombro y, poniéndola frente al sitio por donde aparece la nube, el sacerdote la conjura por medio de rezos y latines. Y sucede que unas veces vence el Cristo y la nube huye o se disipa, y otras tienen que volver deprisa a la Iglesia, pues les apedrea de lo firme. Mas siempre hay disculpa para aquellas buenas gentes: si la tormenta arrecia, lo achacan de ordinario a la falta de carácter y entereza del cura para imponerse a la nube y hacerla retroceder. Y recuerdo en este momento y lo cito como modelo de sacerdotes enérgicos para conjurar las nubes, al Padre Ludeña, el cual fue muchos años el encargado de dichos conjuros, y era digno de verse el brío y valentía con que desempeñaba su misión; el Padre Ludeña se encaraba con la nube, entablando con ella un verdadero pugilato y, después de agotar cuantos latines y rezos podían emplearse para contrarrestar y vencer su terrible empuje, si la nube seguía avanzando hacia la huerta, haciendo caso omiso de sus enérgicas exhortaciones y protestas, aquel hombre, poseído de una agitación y vehemencia inconcebibles, echando por su boca cuantos dicterios e interjecciones se pueden imaginar contra la nube, la increpaba airadamente, y había que verle si la tormenta en sus evoluciones, cambiando de rumbo y sin hacer daño, desaparecía por el horizonte... Entonces el buen Padre, que jamas abandonaba su puesto, viéndola alejarse la apostrofaba a gritos para que acelerara, si posible fuera, su vertiginosa carrera, y, cuando el arco iris, símbolo de paz y bienandanza, lucía sus hermosos y brillantes colores, el Padre Ludeña, arrogante y magnífico, con la satisfacción de la victoria, volvía al pueblo con el bonete echado hacia atrás, completamente dichoso por haber vencido una vez más a la tormenta, en unión al Santísimo Cristo del Rayo.
    Muchas anécdotas podríamos referir, insistiendo sobre el mismo tema; pero nos separaríamos de nuestro objeto, que es la narración de este verídico suceso.

  II

    Era el año 1621. La Naturaleza, siempre pródiga en este país, derramaba por todas partes sus riquezas, convirtiendo la extensa vega en un jardín frondoso, como pudiera soñarse el Paraíso. Las mieses, ya granadas, habían dejado su oscuro color verde mar, para convertirse en hilos de oro, que se balanceaban al arrullo de un viento perfumado y suave. Los árboles, exuberantes de frondosidad, presentaban muestras de su abundante y próxima cosecha; millares de pájaros de distintas clases confundían su eterno cántico de amores. Era la época en que la Naturaleza viste siempre sus mejores galas, para hacer entrega al hombre de sus inagotables tesoros.
    Los hermosos días de Junio pasaban, sin que apareciera en el espacio la más pequeña mancha que empañara su limpidez. Un viento, ora fuerte, ora suave, ponía en movimiento las capas atmosféricas; contribuyendo, en unión con los rayos solares, a granar las doradas espigas. Ya los mozos del pueblo limpiaban sus cortantes hoces y las zagalas se concertaban para ir recogiendo las tronchadas espigas abandonadas al levantar los haces de la mies, que más tarde se conducen a las eras. Por todas partes se notaba animación y alegría.


    Amaneció el martes 15 de Junio de 1621, tan despejado y limpio como los anteriores. En la Iglesia del pueblo se continuaban lentamente las obras de la nueva Parroquia, que habían dado principio en el año 1561, y para ello se había derribado parte de la antigua; como todavía se puede apreciar por los lados que miran al Norte y Mediodía, con declinación a Oriente.


    Desde tiempo inmemorial, exista en la antigua Iglesia la Imagen de Cristo Crucificado, y se hallaba colocada en la coronación del altar mayor, que en aquella época era el que en la actualidad ocupa dicha Imagen, frente al de San Pedro, por donde entonces tenía su puerta de entrada la Iglesia; todo lo cual fue transformándose a medida que avanzaron las obras hasta quedar en la disposición en que hoy existe. El sol tocaba a la mitad de su carrera, se vieron aparecer en el horizonte algunos celajes, semejantes a grandes gasas que; rotas en jirones inmensos, flotaban en el espacio, juguetes del viento que las impulsaba; el azul clarísimo del cielo, lucía  más al transparentarse por los caprichoso dibujos que en mil cambiantes se formaban y deshacían.


    A la sazón estábase celebrando en la Iglesia la octava del Santísimo Sacramento, y los fieles atentos al llamamiento de su cura párroco, el Licenciado Alonso Vadillo, acudían con gran recogimiento a estas prácticas religiosas. El altar mayor que, como hemos dicho, era en aquella época el que hoy ocupa el Santo Cristo del Rayo, frente al de San Pedro, había sido adornado con profusión de flores, luces y objetos, por las devotas moratalleras; ya había en el templo infinidad de fieles y, entre ellos, Francisco de Ondoño y Justa García su mujer, que conducían un niño a cristianar, hijo de Martín Sánchez y de Luisa Martínez, su mujer, y que fue bautizado por el Licenciado Jerónimo Moreno, teniente cura de la Parroquia, poniéndole el nombre de Pedro, (1) y también estaba entre los concurrentes Ginés Valero, Regidor del Ayuntamiento y gran devoto del Santísimo Cristo.

(1) En el archivo parroquial y al margen de la partida de bautismo de este niño hay puesta la siguiente nota:
"Este día y año sucedió el milagro del Santísimo Cristo del Rayo". (N. del A.)

    Eran las tres de la tarde y las campanas daban el último toque, haciendo el llamamiento a los fieles, para las prácticas de la octava que se estaban celebrando; cuando comenzaron a sonar nuevamente, con gran alarma, anunciando la proximidad de una nube. Hay que haber nacido en Moratalla, para poder apreciar el efecto que produce el tañido de la campana, anunciando la tormenta. Todo resulta pálido al describirlo: esos momentos de ansiedad y temor que producen en nuestro ánimo, la aparición de esas nubes colosales, que parecen grandes montañas arrancadas por su base y movidas por fuerzas sobrenaturales; cuadro imponente, al par que grandioso; aquellas monstruosas figuras, que más bien semejan sueños de la fantasía, con esa majestad grandiosa con que se adelantan unas a otras y se las ve cruzar y confundirse, parecen lejanos pueblos que vienen volando por los aires: ya imitan llanos inmensos, ya terrenos accidentados y montuosos; otras veces tomando formas diversas, ya aparecen a nuestra vista simulando cuerpos gigantescos de animales mitológicos, que la imaginación m s exaltada y calenturienta no podría concebir.


    La campana sonaba sin cesar; todos los ánimos esperaban suspensos el resultado de aquel inmenso peligro que les amenazaba; tenían confianza en su Santísimo Cristo, pero todavía ningún milagro les había hecho comprender hasta que punto velaba por su pueblo creyente aquella Imagen a la que con tanto entusiasmo adoraban. Cada vez más lúgubre el tañido de la campana, ponía fríos hasta los huesos; el cielo oscuro y denso oprimía las cabezas, y el nublado estaba tan bajo que parecía haberse juntado los cielos con la tierra; un solo relámpago brillaba y el horroroso trueno estremecía con su potente sonido hasta las entrañas del planeta; algunas gruesas gotas de agua caían pesadamente, levantando ese olor característico de tierra húmeda que se percibe en las tempestades; el pueblo entero confundía sus lamentos con el tenebroso ruido de la tormenta; el espanto más grande se veía en todos los semblantes y las manos crispadas pedían al cielo misericordia y compasión. ¡Cuadro terrible, que estremece hasta el pensarlo, ofrecían aquellas infelices, encerrados, digámoslo así, en un estrecho círculo, donde impotentes y resignados, esperaban perder vidas y haciendas!... ¡Oh furor desenfrenado y bárbaro de la tempestad!... ¡Manifestación grandiosa del poder que encierran los elementos! ¡Oh, relámpago siniestro que nos ciegas y envuelves, tornando del asombro que nos produce tu vivísima luz, al oír vibrante tu carcajada satánica que parece mofarse de nuestra timidez!


    Todas las calles afluían llenas de gentes que, con lamentos de desesperación y torpe paso, luchando con un mar de agua y piedra, con relámpagos y truenos, presurosos acudían a la Iglesia, donde se veneraba el Cristo, a pedirle de hinojos amparo y protección; ya no cabían de pie los fieles y sin cesar entraban; pues el mismo miedo y el sobresalto les hacían estrechar más y más las distancias. No se puede formar nadie una idea de aquellos momentos de amargura...
    La Imagen aparecía magnifica en lo alto de la coronación del altar mayor, extendiendo sus brazos sagrados, como queriendo significar que a todos amparaba por igual; el clamoreo incesante de aquel pueblo consternado, sus llantos, las palabras entrecortadas a cada momento, aquella confusión de voces angustiosas, pidiendo perdón y clemencia, unido al fragoroso ruido de la tempestad, que ya en tales momentos descargaba con furia abrumadora, parecían el último día, la última hora, el momento decretado como fin del mundo; ya los ánimos decaían a fuerza de sufrir, el desaliento y el abandono se pintaban en sus pálidos semblantes, que volvían con desesperación a todas partes; ni sus ojos vertían lágrimas, ni sus bocas exhalaban quejas; sólo, si, temblaban de pies a cabeza; estaban poseídos de ese terror contagioso que se apodera de las multitudes en momentos de peligro. ¡De pronto un grito unánime y agudo se deja sentir, y la mayor parte de los fieles, deslumbrados, sepultan el rostro entre sus manos!...


    En medio del templo, blandiendo como la espada del Angel exterminador, se agitaba con su ligereza proverbial un rayo que a todos amenazaba aniquilar; parecía sujeto por una fuerza invisible que no le dejaba traspasar el límite que se le había fijado y, rugiendo como un espíritu maligno, hacían contorsiones sobrenaturales... Breves instantes duró aquella escena aterradora; todos creían llegado su último momento, cuando, veloz, recorriendo el espacio que les separaba, cae cubriendo la Imagen del Redentor, que desapareció en medio de aquella encendida hoguera, convertida enseguida en humo denso...


    ¡Con qué palabras se podría hacer comprender lo que pasó en aquel momento sublime, en que, despejada la densa niebla, apareció la imagen del Cristo, negra y candente; pero más hermosa que nunca!...
    Había perdido por completo su color para no recobrarlo más. El pueblo, humillado, entonaba un himno de adoración y de gloria, ¡el himno que se entona cuando habla el corazón agradecido!...
    Aquella potente voz humana, formada por la unión de tantas ansias, debió de llegar al cielo, ya que hizo enmudecer hasta el rugido de la tempestad!...

 Anécdotas  

 


Las anécdotas que voy a relatar a continuación, escogidas más por su brevedad que por mi gusto personal, están sacadas del libro "100 ANÉCDOTAS DE LA VACA", escrito por JOSÉ ROGELIO FERNÁNDEZ LOZANO y editado por el Ayuntamiento de Moratalla y la Concejalía de Festejos del año 1994. Le doy las gracias al autor por haberme permitido "colgárselas" en la red. 

 

NO SE SABE QUE ES PEOR________________________________________

Hace unos años trajeron una vaca muy portalera, en cuento le hacían cocos desde cualquier portal, se colaba como una exhalación.

Así pasó en la anécdota que les voy a contar.

Entró al mismo llamarla pero los más rápidos se salieron y cerraron la puerta. No ocurrió lo mismo con la mayoría, que quedó atrapada al fondo.

Como es lógico, cuando cerraron la puerta, todo fue oscuridad, la vaca perdió movilidad quedando frente a frente con uno de los acorralados, tanto que sentía sobre los pantalones el vaho y el calor de la respiración de la vaquilla, los cuernos a los lados del cuerpo y casi masticaba el olor a sudor que despedía.

Ante esta situación de efecto psicológico, el hombre con voz sigilosa les decía a sus compañeros de cautiverio:"Abrid que se salga". Abrieron la puerta y al momento la vaca le embistió, por lo que entonces pidió:"Cerrad que me ve". Pero la primera situación tampoco era buena, por lo que de nuevo decía:"Abrid que se salga". Y al momento repetía:"Cerrad que me ve". Este estado de cosas se mantuvo bastante rato, claro que al hombre hay que perdonarlo. No sabia a qué carta quedarse.

"Abrid que se salga""Cerrad que me ve""Abrid que se salga""Cerrad que me ve"

CON EL DEDO TE SEÑALO________________________________________

Entró un toro en una peña de las que tienen mostrador y todos los que pudieron se refugiaron detrás de él. Se tendieron en el suelo, en cuclillas etc ., y no hablaron. Pasaban los segundos y no sabían que hacer. Un decidido muy despacio y sin ruido, asomó la cabeza para ver como estaba la situación. Allí mismo encontró al toro mirándole cara a cara. Como había subido, empezó a bajar lentamente. Se tapó de nuevo y con los ojos fuera de orbitas y la boca estirada como una raya se puso el dedo en los labios indicando silencio y a continuación señalo con el índice en dirección al toro.

LA MATRICULA_______________________________________________

Cogió la vaca al último que había en las escaleras de un portal, y mientras sus amigos lo revisaban para ver si tenia alguna herida, él lo único que decía era:"Le ha cogido alguien el número a la Vaca esa.

          

MAS POLVOS______________________________________________________

Hace unos años estuvieron de moda los polvos picapica, y había peñas especialistas en tirarlos. 

Entró una periodista a una peña de polvorizantes para hacer algunas entrevistas, y fue a preguntar a un invitado que estaba el hombre, sufriendo el acoso de los chufletazos. 

La pregunta fue:"¿Cuál es a su criterio la característica más destacada de esta peña de fiestas?"El entrevistado ingenuamente contestó a la guapísima locutora:"Yo lo único que tengo que decir es que estos echan más polvos que nadie"

La radiofónica hizo señas al técnico de que cortara y el entrevistado se quedó... cortado. 

           

NO VALEN NADA____________________________________________________

El conocido periodista de Antena 3 TV, Manu Sánchez, llamó desde Buenos Aires, a su madre, aquí en Moratalla, para interesarse pos las Fiestas al ser éste gran entusiasta de las mismas.

Esta fue la breve anécdota que se produjo a lo largo de la conversación telefónica:

-Mamá ¿cómo están las fiestas este año?

-Mira, nene. Las fiestas este año no valen "na". La vaca no ha "pillao" a nadie todavía. 

 

SATURADO________________________________________________

Se metió a torero sin serlo. Iba a su casa y cruzó sin deber. Dio una pequeña correntilla, pero la vaca es muy rápida cuesta arriba. Lo cogió en el Goterón. Un pinchazo en el muslo. Fue trasladado a Murcia. Las enfermeras quedaron muy sorprendidas al oírle decir, como delirando:"¡Mucha vaca! ¡Tanta vaca! ¡Cuánta vaca!" 

          

CADA UNO SE DEFIENDE COMO PUEDE__________________________

Entró la Vaca en un portal lleno de gente, embistió al mogollón que había a fondo y dio al que estaba más fuera un fuerte golpe en los riñones quedando sin respiración, dolorido y afectado .

 Embistió también la Vaca a otros que estaban junto a él, pero quiso el animal volver a pillar a muestro condolido protagonista. Así es que el hombre no lo pensó dos veces. Se puso de cara a la vaca, y como el recorrido era corto, al atoparle, la agarró por los cuernos para que no le clavara, a la vez que indignado y fuera de sí insultaba a la Vaca en un fluido chorro de palabras, muchas de ellas ininteligibles: Hijaputa, hijaputa, japuta, japuta, puta, puta, puta ,japuta... Y miren ustedes las cosas de la Vaca. Fue oír la vaquilla aquella retahíla  o sarta de insultos que tiro hacía atrás de la cabeza, se soltó del muchacho, y sin decir ni pío salió y se fue se fue a embestir a otra parte.

   Y es que cada uno se defiende como puede. hay que reconocer que este joven fue ingenioso. 

 

¡OYE PAISA!__________________________________________________

  Vino un novillo y se tiró por lo alto del poyo del Patio de las Ollas, un marroquí que estaba debajo con su bandeja de artículos, fue el que recibió el impacte directo. Cayo al suelo y hubo apechusques de aquellos que volaron hasta la Plaza de Abastos. 

  Mientras le daban ropa, le curaban de los esollejones y le recogían la mercancía, el magrebí hacía aclaraciones a los curiosos: ¡Me ha pillado el hijo de la vaca. Ha sido el hijo, el hijo! 

           

FEMINISMO A ULTRANZA___________________________________

Tenía uno una mujer feminista a ultranza. Vamos, hasta las últimas consecuencias. El lema de ella era: Los hombre y mujeres somos iguales en todo, y lo llevaba a rajatabla.

Fue una de las primeras en correr con la Vaca como un hombre más, aunque sus anchas caderas y su abultada pechera no lo permitían una entrada rápida en ningún sitio. 

El marido la acompañaba por la calle las tardes de Vaca, de mala gana, pues entendía que aunque muy respetable su derecho a hacerlo. era bastante peligroso pues las Vacas no se  andan con chiquitas. Pero, ¿quién era el que le llevaba la contraria?...Él desde luego, no

Estando cerca de un boquete, decidieron ir a comerse unas castillas a un bar próximo. No los dio tiempo a llegar. La Vaca vino de pronto y se armó en la calle un buen lío. Cada cual buscó refugio donde pudo. El marido intentaba ayudarla, pero pronto se olvido de su cónyuge y buscó su propia salvación dejándola fuera.

La Vaca no la pillo de milagro. No se salvó de caer al suelo, resultando con magulladuras.

Al día siguiente comentaba el marido en el bar un poco desconcertado: A mi mujer de pocas la pilla la Vaca por ser yo respetuoso con su feminismo. Me metí primero para que no viera favoritismo. Pues bueno, ahora está con migo que trina. A las mujeres no hay  quien las entienda. Como ella dice que todos somos iguales, por eso me entré antes. Porque daba lo mismo ella que yo. Entonces,¿por qué se cabrea ahora? 

          

 FUERZAS DE FLAQUEZA_____________________________

Recuerdo que, en una lectura sobre el rescate de unos náufragos, el capitán mandó una lancha con remos en vez de una motora. Al ser preguntado por el motivo de la elección, el capitán respondió: El hombre es capaz de sacar fuerzas de franqueza, el motor no.

  Algo parecido le pasó a un paisano que se encontraba en un portal antiguo de Correos. Entró la Vaca y al verse perdido se agarró al picaporte de la picaporte de la puerta que tenía forma de ese abierta, y lo hizo dando un fuerte tijeretazo de piernas para juntarlas con las manos, con lo que quedó en una pastura forzadísima y con el culo colgando. Eso sí, consiguió quedar en alto y defendido, dentro de lo que cabe, de la Vaca. Esta le dio cincuenta topetazos en el culo, pero él no se soltó. Sacó fuerzas de flaqueza y resistió el temporal hasta que la vaca, aburrida, se fue.

 No hizo más que irse cuando al pica portero se lo soltaron las manos y los pies y cayó al suelo como un fardo pesado.

Comentaba que se había hecho más daño al caer que cuando lo embestía la vaca.

Luego, varios hicieron probatinas para colgarse del viejo picaporte. No lo consiguieron.

 Las situaciones límite generan respuestas de nuestro cuerpo que luego no tienen explicación. A las pruebas me remito 

         

 A UN CLAVO ARDIENDO_______________________________________

Hay quien pierde el uso de razón cuando la Vaca está cerca. Ya oye, no ve, ni siente. Sólo piensa en salvarse, en agarrarse donde sea

Pusieron en una peña un cuadro pequeño con una púa mediana y como la pared era de yeso se metió pronto, pero sin mucha solidez. Para lo que tiene que aguantar, bueno va, dijo el del martillo.

 Entró la vaca y lo pillo allí a un muchacho forastero, que al verse perdido se agarro con los dedos índices a la púa y quedo colgado a uno centímetros del piso. La Vaca le pasó rozando varias veces los cuernos estando el esta forzadísima posición, y luego salió.

  Al terminar la refriega, los demás se reían de la ocurrencia de haber elegido el clavo para agarrarse. En la broma uno tocó levemente la púa, que se cayó el suelo en el acto, con cuadro incluido

 

 

Historias de "por aquí"     "

 

Un buen día el párroco de Trieta* (nombre de Moratalla cuando sucedieron los hechos aquí relatados) se encontró indispuesto con unos fortísimos dolores abdominales. Dado el grave estado en el que se encontraba, le trasladaron a la Residencia de San Indulgencio donde fue  intervenido con urgencia. Mientras el cura se encontraba dormido por los efectos de la anestesia, en la habitación de al lado una joven madre soltera daba a luz un precioso retoño.

Desgraciadamente, la joven madre murió y el equipo médico se planteó que hacer con el niño. Uno de los médicos, tras mucho meditar los pros y las contras encontró la solución: 


- "...mirad, vamos a ponérselo al cura, al fin y al cabo el clero alimentará al niño y seguro que tendrá la posibilidad de recibir una buena educación..."

Dicho y hecho, al despertar, el párroco se encontró con el bebe en su regazo, muy asustado llamó al médico y pregunto:  

 
- ¿...pe...pe... pero esto que es lo que es...?

El médico se acerco y le dijo:  

 “...mire padre, ...que quiere que le diga.... pero que sepa que éste es el origen de todos sus dolores de barriga..."  

- “¿...pe...pe...pero si eso es imposible..." - dijo el cura.

El médico le respondió  

“No hombre, con lo que han evolucionado los tiempos, ahora es perfectamente posible que los hombres se puedan quedar embarazados...usted sabrá...yo lo único que le puedo garantizar es la total y absoluta discreción con el tema..."

El cura se quedo pensativo decidiendo que hacer con el niño.  


- "...bueno, bueno, cuando vuelva al pueblo... diré que es hijo de una hermana mía que ha fallecido y yo me haré cargo de educarlo..."

El párroco volvió así a su parroquia y contó su historia. No sin algún recelo, los habitantes del pueblo se acostumbraron a ver, a partir de aquel día, al nuevo vecino que fue bautizado con el nombre de Indulgencio en honor al Patrono del hospital donde vino al mundo.

Pasaron los años y el cura se hizo muy mayor, cuando Indulgencio contaba con 25 años, el cura enfermó y en su lecho de muerte comenzó a pedir:  

"¡¡¡ Que venga Indulgencio...!!! ¡¡¡ Que venga Indulgencio...!!!".... ¡¡¡...No quiero morir sin hablar con Indulgencio...!!!

El joven Indulgencio que por aquellos tiempos ya era seminarista, corrió al lado de su tío el cura:  

 ¿Que quiere tío, a que tanta urgencia...?

El cura haciendo acopio de valor le dijo:  

"...Mira Indulgencio, tengo un gran secreto que contarte... y antes de morir debo decírtelo..."

 Indulgencio interrumpió al párroco y le dijo:  

Tranquilo tío, no hace falta, desde hace muchos años ya me he había imaginado que de verdad, de verdad, es usted mi padre..."

El cura, antes de expirar, encontrando fuerzas en su fe cristiana y deseoso de subir a los cielos sin remordimientos en su alma le dijo a Indulgencio:  

- ¡¡¡...No...!! , ¡¡¡...No...!¡¡...No...hijo mío, no...!!! 

“...yo...  ...realmente quien soy...  ...es... ¡¡¡ TU MADRE...!!!,

 ¡¡¡... tu padre es...  ... EL ARZOBISPO DE CUENCA...!!!” 

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